El Congreso Nacional Ciudadano BUSCA TOMAR EL PODER; “Vamos a invertir la pirámide” feb.20 y 21 Monterrey 2014

Lo que la mayoría NO alcanza a  ver.

Vamos a invertir la pirámide:

piramide invertida

 

 

El gobierno y los políticos

El  gran ejemplo de nuestra concepción invertida de la realidad, lo encontramos en la visión que tenemos de nuestros gobernantes.

La mayoría de la población ve (y siente) a los gobernantes y a los políticos como si fueran una casta superior que está “por encima” de ellos.

Más allá de su significado académico, las palabras “gobierno”, “ministro” o “presidente”, son percibidas en nuestra psique como entidades superiores a nosotros, lejanas, inalcanzables y prácticamente invulnerables.

Poco importa que la teoría nos hable de “un pueblo soberano que escoge libremente a sus representantes”…

La realidad es que en el interior de nuestra mente, albergamos, de forma inconsciente, una imagen de los gobernantes como algo ajeno al pueblo, como si NO formaran parte de él y estuvieran por encima de éste.

Y esta visión de la realidad resulta preocupante, especialmente en el caso de una democracia.

Recordemos que los miembros de un gobierno democrático se eligen por votación popular de entre la ciudadanía y se les asigna la función de administrar los bienes del Estado, que pertenece a todos los ciudadanos, a cambio de un sueldo.

En definitiva y resumiendo, los gobernantes son nuestros empleados.

Y nosotros, cada uno de nosotros, sus jefes.

Es decir, no están por encima del “pueblo”, sino que de hecho deben actuar a sus órdenes porqué son “servidores públicos”.

“Servidor público”: expresión que hemos escuchado mil y una veces, pero que por lo visto, en nuestra mente ha perdido todo su significado, fruto de la concepción invertida de la realidad que nos han inculcado y que tan profundamente ha calado en todos y cada uno de nosotros.

Hasta tal punto ha llegado nuestra visión alterada de las cosas, que los servidores públicos nos someten a un estricto control: inspeccionan nuestras cuentas y ganancias, las cámaras de vigilancia nos acechan por las calles y todas nuestras comunicaciones son monitoreadas y analizadas por las autoridades.

Cuando precisamente, y siguiendo toda lógica, debería ser al revés.

Por lógica, deberían ser el presidente, los ministros y todos los miembros del gobierno los que deberían ser sometidos a una estricta vigilancia ciudadana.

Durante su jornada de trabajo administrando los bienes públicos, que nos pertenecen a todos, las cámaras de vigilancia deberían seguir cada uno de sus pasos y los ciudadanos deberíamos poder verlo y escucharlo en directo desde nuestras casas, por televisión o por Internet.

El Gran Hermano deberíamos ser nosotros

Así no existirían reuniones a puerta cerrada, secretismo, corruptelas, amiguismos, ni prácticas ilícitas, conceptos que acabarían desterrados para siempre del mundo de la política.

Al fin y al cabo, tanta responsabilidad como recae sobre sus espaldas, exigiría un control exhaustivo por parte de la ciudadanía, celosa de una correcta administración de los órganos que le pertenecen, ¿no es así?

Y lo que es mejor, esta vigilancia estricta de nuestros gobernantes conllevaría consecuencias de lo más positivas:

·Primera: nos garantizaríamos que solo pretendieran gobernar aquellos con auténtica vocación de servicio y sacrificio por el bien común, capaces de sacrificar sus comodidades y su intimidad por servir a la sociedad.

·Segunda: tendríamos la garantía plena de que los aspirantes a gobernar no albergarían intereses ocultos, pues de hecho, les sería imposible ocultar nada.

·Tercera: nos ahorraríamos toneladas y toneladas de pegajosa y maloliente hipocresía, pues sabríamos, de primera mano, que lo que dicen en público en los mítines y ruedas de prensa es lo mismo que lo que dicen en privado y en caso de no ser así, podríamos juzgar rápidamente la catadura moral y el nivel de sinceridad de los representantes elegidos y cesarlos de sus cargos.

Pero sin embargo, la realidad que vivimos es la opuesta.

Y la aceptamos sin rebelarnos lo más mínimo.

Sin tan solo hacernos las preguntas más lógicas y básicas que deberían surgir de una mente pensante de forma natural.

Por ejemplo, si para justificar la vigilancia masiva a la que estamos sometidos todos los ciudadanos, se nos dice que “es por nuestra propia seguridad” y que “si no hemos cometido ningún delito, no tenemos nada que temer”, entonces:

¿Por qué no podemos monitorizar a nuestros representantes políticos todas las horas del día mientras ejercen su cargo?

¿Acaso pretenden ocultar alguna actividad ilícita?

¿Hay aspectos oscuros en lo que negocian a puerta cerrada?

Y si no es así, entonces ¿por qué no quieren que lo sepamos?

Y en el caso de los partidos políticos, ¿por qué no podemos ver todo lo que acontece en el interior de sus sedes, en vivo y en directo?

Si aspiran a administrar los bienes comunes del Estado, ¿por qué no podemos vigilar a fondo como administran sus propias formaciones políticas, tanto los que están en el gobierno como los que no lo están?

¿No claman a los cuatro vientos que son tan “transparentes”, “democráticos” y “legales”?

¿Entonces porqué no retransmiten en directo todas sus reuniones internas y podemos presenciar como deliberan, discuten y proponen sus “brillantes” iniciativas para llevar adelante el país?

¿O es que quizás lo que proclaman tan vehementemente en sus mítines y lo que después expresan a puerta cerrada no es “exactamente” lo mismo y no quieren que lo sepamos?

En definitiva, hemos de suponer que si no nos permiten controlar sus actividades con la “transparencia” con la que tanto se llenan la boca es porqué ocultan alguna cosa, ¿no?

Sin duda, las mentes bienpensantes clamarán escandalizadas: “¡Los políticos y los gobernantes son personas y tienen derecho a la intimidad y a no ser vigilados continuamente!”

Pero en el mundo en el que vivimos, esa es una afirmación inaceptable.

Incluso insultante.

Porque si un ciudadano cualquiera no tiene derecho a salvaguardar su imagen y su intimidad cuando camina por la calle, cuando utiliza el transporte público o cuando entra en un edificio del Estado, vigilado como está por cientos y miles de cámaras de seguridad, menos intimidad debe tener, por ejemplo, el Presidente del Gobierno Español, en el Palacio de la Moncloa.

Al fin y al cabo, es un edificio del Estado, que por lo tanto, pertenece a todos los ciudadanos  y toda actividad que se realice en su interior, por su gran relevancia de cara a la ciudadanía, debería ser vigilada y supervisada en vivo y en directo por todos y cada uno de nosotros.

Vigilancia que, en el caso de México, también debería extenderse a la Familia de los políticos.

Al fin y al cabo, se supone  que nos representa a todos.

Y puesto que se beneficia de tal representación las 24 horas del día y los 365 días del año, podemos deducir que también nos representa las 24 horas del día y por lo tanto debería estar sometido a vigilancia ciudadana de forma ininterrumpida.

Y en el caso de que todos ellos, gobernantes o familia real, quieran salvaguardar mayor espacio para su intimidad, lo tienen muy fácil: solo tienen que abandonar NUESTROS PALACIOS y irse a vivir a la casa particular que decidan sufragar con los generosos sueldos que perciben.

Así de sencillo.

Muchos calificarán todo lo que hemos dicho de “visión simplista de la realidad”.

Afirmarán que nuestros gobernantes no pueden mostrar públicamente todas sus actividades, pues hay gran cantidad de secretos que no pueden ser revelados por cuestiones de “seguridad nacional”.

¿Pero qué “seguridad nacional” podemos esperar de un régimen en el que el pueblo soberano no puede controlar adecuadamente las actividades de sus servidores públicos, convertidos en una casta intocable que, sin embargo, sí puede someter a estricto control a todos los ciudadanos, disfrutando con ello, de todas las ventajas de un ejercicio opaco del poder y permitiendo e incentivando con ello todo tipo de actividades criminales?

Este es el mundo invertido en el que vivimos: un lugar en el que los propietarios legítimos del Estado, los auténticos jefes, sus ciudadanos, que son millones, son sometidos y subyugados por sus servidores, que son unos pocos y se comportan como una casta mafiosa.

¡Y lo peor de todo es que hemos acabado temiéndoles!

¡Nosotros a ellos!

Debería darnos vergüenza.

Pero las estructuras invertidas que nos han sido inculcadas por el Sistema y que trastocan toda lógica, se extienden a casi todos los ámbitos de nuestra vida.

Por ello el 3er. Congreso Nacional Ciudadano a realizarse el 20 y 21 de Febrero tiene como meta fundamental TOMAR EL PODER QUE NOS CORRESPONDE A LA CIUDADANÍA.

Habremos de cambiar la historia, sabiendo que solos somo una gota; UNIDOS SOMOS UN TSUNAMI

Si tú eres ya te has dado cuenta del ENGAÑO en que vivimos, tienes la responsabilidad de DESPERTAR A OTROS, Antes que acaben con nuestro querido México.

logo v 3 mayusucula TSUNAMI

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2 pensamientos en “El Congreso Nacional Ciudadano BUSCA TOMAR EL PODER; “Vamos a invertir la pirámide” feb.20 y 21 Monterrey 2014

  1. soy como uds. un ciudadano harto del mal gobierno que tenemos, vivo en san nicolas d los garza n.l. orientenme por favor a quien me debo dirgir en esta ciudad para participar, tengo la idea de realizar visitas domiciladas para dialogar con los vecinos de esta comunidad y analizar los resultados para ver su aplicacion nacional. mexico se los agradece.espero

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